Si te araño, si te enseño los dientes, si te grito... no te asustes.
Es porque una vez me hicieron pedazos y los golpes de la herida los pago en corazas que se ajustan y amoldan entre mis costillas.
Tras este carácter, bajo esta fiera, existe sangre que palpita.
Sentimientos hundidos en egos de madrugada y mensajes sin responder.
Si esta actitud fuera un desierto rogaría al sol brillante encontrar de una vez mi oasis, porque me ahogo.
Y no puedo más.
Y me caigo.
Y sin embargo, de puertas para fuera, jamás dejaré de ser la chica ausente que batallea en las trincheras.