Este año, en el instituto, se imparte una asignatura que trata en gran parte sobre el medioambiente y la naturaleza. Es imposible no extrapolar la teoría a la realidad y más en un pueblo rodeado de campos y cultivos. De personas que dependen del campo. Por eso en muchas ocasiones, cuando discutimos sobre los temas que crean controversia, hay muchos argumentos de compañeros míos en los que anteponen el beneficio económico ante la conservación de la naturaleza.
Se obtiene mucho dinero de ella, es cierto: de la explotación de los recursos naturales para cubrir nuestras necesidades que aumentan a ritmos exponenciales. Pero, ¿eso justifica la destrucción a toda costa? ¿en esta guerra, todo vale?
Todo esto viene a cuento de los numerosos incendios que se han ido dando en todo el norte de España. Asturias, Cantabria, Navarra y el País Vasco están sufriendo una oleada de incendios catastróficos en un tiempo récord y en pleno diciembre. Pese a que la temperatura este invierno no sea la usual, no es ésta la culpable de las llamas. La mayoría de los incendios han sido provocados. Los conservacionistas de la Fundación Naturaleza y Hombre acusan directamente (y sin pelos en la lengua) a los ganaderos de provocar estos incendios para obtener pastos tiernos y cobrar subvenciones.
Me cuesta aún entender que gente que debería más que nadie agradecerle a la naturaleza todo lo que tiene, sea capaz de cometer tales atrocidades. De privarnos al mundo entero del paraíso natural que es el norte y su riqueza. Tomar estas medidas catastróficas como fin para obtener beneficios económicos es algo que debería alarmarnos a todos y, precisamente, no he visto a ningun medio dedicando a esta noticia del tiempo que requiere.
Qué irónico.
España entera da de lado a su naturaleza semanas después de llevarse las manos a la cabeza por la contaminación en Madrid. Semanas después de la cumbre de París... ¿de qué nos sirve cualquier medida ecológica si continuamos de brazos cruzados? Las promesas se quedan en el aire, en uno cada vez más dañino y menos respirable por cierto.
Nos estamos cargando el planeta porque allí donde hay árboles y agua vemos factores de producción. Donde hay playa vemos pisos que se venden a buen precio. Donde hay llanuras vemos pistas de golf. Donde antes había bosques, ahora gracias a la Ley de Montes, se construirán edificios. Donde hay naturaleza vemos un fajo de billetes y así nos va, creyendo que el planeta y la tierra que pisamos nos pertenece. De lo que no nos hemos dado cuenta es que la necesidad entre los seres humanos y la tierra es unilateral; depende de ella nuestra existencia pero la tierra ya existía mucho antes que nosotros. Y seguirá haciéndolo cuando nos vayamos.
martes, 29 de diciembre de 2015
domingo, 20 de diciembre de 2015
Papeles de esperanza.
Nunca la duda había sido tan emocionante.
España no tiene la certeza de qué ocurrirá este 20-D y cerca del 40% de los españoles aún no tienen decidido el voto.
Cuando se nos abren las puertas hacia más horizontes y se nos da a elegir entre más opciones, realmente podemos votar de verdad. Con la llegada de nuevos partidos se pierden parte de esos votos de socorro que no eran ni por afinidad ideológica ni por el representante político. Esos votos en los que se votaba a un color para que no saliera el contrario. Pero ese bipartidismo rancio que hemos ido arrastrando a lo largo de los años se resquebraja y tiembla de miedo al ver que llega el fin de su hegemonía.
Al fin, y por primera vez en la historia de España, la política inunda las calles y los corazones de la gente de a pie que la necesita y anhela más que nunca. La crisis ha creado a una población preocupada por la política, atenta y despierta. Después de destapar todos los casos y barbaridades que han hecho a nuestras espaldas y vivir en nuestras carnes el pozo al que nos han llevado, no nos podemos quedar de brazos cruzados. Hace unos años, cuando todo iba bien, ¿quién se preocupaba por ese grupo de personas que nos representan y toman decisiones por nosotros? Periodistas y poco más. Cada 4 años poníamos un papel en las urnas, con mayor o menor seguridad, pero con una ilusión que brillaba por su ausencia. Ahora que nos hemos visto ahogados por una crisis que nos ahorca y hemos sabido identificar a los que podrían habernos salvado y no lo hicieron, somos más conscientes de la importancia de la política en nuestras vidas. Ya lo dijo Platón hace varios siglos, "el precio de desentenderse de la política es el ser gobernado por los peores hombres." Y que razón tenía...
Por eso se me inunda el corazón de esperanza al ver el futuro que nos espera este domingo. La gente vota con esperanza de cambio y son conscientes de la importancia que guarda cada urna. La política inunda cualquier conversación, las calles, las plazas, los bares, las escuelas... Se cuela por las rendijas de las casas y nos levanta del sofá del conformismo al que tan cómodamente nos habíamos adaptado. Hemos saboreado estos años situaciones injustas, de rabia y de impotencia al ver cada día las noticias de deshaucios, de pobreza, de leyes injustas, de recortes en sanidad, educación, cultura... Hubo momentos en los que parecía que ya nos habían quitado todo. Pero sólo las personas que no tienen nada que perder son las que verdaderamente actúan. Todas las voces de agonía se reflejarán en los votos y en las caras de los españoles que esperan que el lunes la democracia lleve las riendas de nuestro futuro.
España no tiene la certeza de qué ocurrirá este 20-D y cerca del 40% de los españoles aún no tienen decidido el voto.
Cuando se nos abren las puertas hacia más horizontes y se nos da a elegir entre más opciones, realmente podemos votar de verdad. Con la llegada de nuevos partidos se pierden parte de esos votos de socorro que no eran ni por afinidad ideológica ni por el representante político. Esos votos en los que se votaba a un color para que no saliera el contrario. Pero ese bipartidismo rancio que hemos ido arrastrando a lo largo de los años se resquebraja y tiembla de miedo al ver que llega el fin de su hegemonía.
Al fin, y por primera vez en la historia de España, la política inunda las calles y los corazones de la gente de a pie que la necesita y anhela más que nunca. La crisis ha creado a una población preocupada por la política, atenta y despierta. Después de destapar todos los casos y barbaridades que han hecho a nuestras espaldas y vivir en nuestras carnes el pozo al que nos han llevado, no nos podemos quedar de brazos cruzados. Hace unos años, cuando todo iba bien, ¿quién se preocupaba por ese grupo de personas que nos representan y toman decisiones por nosotros? Periodistas y poco más. Cada 4 años poníamos un papel en las urnas, con mayor o menor seguridad, pero con una ilusión que brillaba por su ausencia. Ahora que nos hemos visto ahogados por una crisis que nos ahorca y hemos sabido identificar a los que podrían habernos salvado y no lo hicieron, somos más conscientes de la importancia de la política en nuestras vidas. Ya lo dijo Platón hace varios siglos, "el precio de desentenderse de la política es el ser gobernado por los peores hombres." Y que razón tenía...
Por eso se me inunda el corazón de esperanza al ver el futuro que nos espera este domingo. La gente vota con esperanza de cambio y son conscientes de la importancia que guarda cada urna. La política inunda cualquier conversación, las calles, las plazas, los bares, las escuelas... Se cuela por las rendijas de las casas y nos levanta del sofá del conformismo al que tan cómodamente nos habíamos adaptado. Hemos saboreado estos años situaciones injustas, de rabia y de impotencia al ver cada día las noticias de deshaucios, de pobreza, de leyes injustas, de recortes en sanidad, educación, cultura... Hubo momentos en los que parecía que ya nos habían quitado todo. Pero sólo las personas que no tienen nada que perder son las que verdaderamente actúan. Todas las voces de agonía se reflejarán en los votos y en las caras de los españoles que esperan que el lunes la democracia lleve las riendas de nuestro futuro.
"Nos habéis convertido en el ejército más poderoso:
ese que no tiene nada que perder.
Y vamos a por vosotros,
armados hasta los dientes de valor,
escudados con una resistencia caníbal
y con un amor violento por la supervivencia.
Jamás debisteis usar a las palabras en vano:
vivís en un país lleno de poetas."
-Elvira Sastre
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